01junio2012

Los Servidos y la comunidad a crear…

Escrito por Ignacio Pastrián en Columnas de actualidad

Hace unos pocos días cuando llegué de la pega, y después de picar leña y hacer fuego, me puse a ver televisión y encontré un programa nacional de esos con entrevistados y temas de actualidad. El invitado en esa ocasión era Benito Baranda, presidente de la oficina chilena de América Solidaria.

En cierto momento, el entrevistador, haciendo gala de sus buenos modales, le preguntaba a Benito respecto a cuál era la problemática que él veía, respecto a las movilizaciones sociales como la de Aysén, o la de los estudiantes. El entrevistador argumentaba que la cobertura educacional había aumentado mucho en los últimos años, incluso considerando que esas personas estaban endeudadas “hasta el cuello” por los próximos 10 o 15 años.

Benito hizo una reflexión de una externalidad que me parece vale la pena intentar reproducir y desde allí generar nuevas aproximaciones, porque en mi subjetividad, me parece crucial para comprender la realidad social que vivimos hoy día. Benito analizaba, entre otras cosas, el rol de los y las profesionales que habían salido de las Universidades en los últimos años de distintas áreas (economía, ingenieros, abogados, científicos, médicos, psicólogos, periodistas, etc.) e hizo hincapié en el meollo del asunto. Los profesionales en cuestión estaban llamados a actuar responsablemente al servicio del país, o de las comunidades en general, es decir, había una responsabilidad por el sólo hecho de haber accedido al privilegio de la Educación Superior. Existe una ética que es ineludible.

La crítica apuntaba a que muchos de estos profesionales, públicos y privados, se habían acostumbrado a servirse a sí mismos más que a otros, desempeñándose en sus plataformas laborales a servirse claramente de los demás, guiados por la ambición personal que caracteriza nuestro modelo de desarrollo, haciendo propio el sueño americano de la prosperidad personal por sobre la colectiva. Un ejemplo claro es la larga lista de abusos que se ven todos los días en los medios de comunicación y que detrás tienen profesionales que los diseñan e implementan. Los abusos del retail, los bancos, las cajas de compensación con adultos mayores, la manipulación de información en los medios, la transparencia en el manejo de recursos públicos, los problemas éticos en fallos judiciales, las aberrantes omisiones que terminan aprobando proyectos hidroeléctricos; etc. La lista es interminable…, y todos tienen un denominador común: equipos de profesionales que “idean” la mejor forma para generar ganancias a empresas o beneficios a instituciones sin importar los medios que se ocupen para ello.

Ese solo hecho, genera por sí mismo una profunda reflexión. Las preguntas que surgen son varias: ¿Por qué los profesionales de hoy tienden a servirse más a ellos mismos que a los demás?; ¿Hasta qué punto ha penetrado la ideología del individualismo como para llegar a esta realidad?; ¿Cómo se combate este asunto?; ¿Tiene solución?; ¿Queremos que la tenga?; ¿Cuál es el rol de los formadores de profesionales?; ¿Existe o debiera existir esa ética de la que habla Benito?, etc.

El cuento es que en los últimos 2 años, los estudiantes en sus movilizaciones, dieron una potencial solución a esta importante problemática. Por supuesto que no es una solución estilo “chilean way” como sacar conejos del sombrero o alguna prebenda comercial, o algún bono electoralista, o cualquiera de esas tonterías que tan de moda están en estos días. La respuesta está en un punto central de las movilizaciones y que como todo problema estructural es algo que se solucionaría por lo menos en un mediano plazo. Se trata del fin al lucro en la educación: ¿por qué?, por la sencilla razón de que en el problema del lucro a nivel educacional se esconde la verdadera consecuencia de esta práctica, y que es la segregación educacional. Dicho en términos simples, se educan ricos con ricos y pobres con pobres, generando un círculo vicioso de difícil ruptura. Bajo esta perspectiva, la ausencia del lucro supone una educación pública de calidad que permitiría esta integración social entre las diferentes clases o estratos, considerando la obviedad de que este es un proceso largo y que necesita de mucha persistencia y voluntad.

Estos guetos educacionales hacen que las personas, cuando son niños o jóvenes, pierdan la capacidad de entender y conocer que la realidad propia no es la de todos. Un niño se forma en base a la diversidad de experiencias que son parte de la sociedad en la que vive. Por ejemplo, si un niño no comparte con otros niños que no han tenido el acceso a los mismos bienes o servicios, jamás tendrá la visión de que no todas las personas viven de la misma manera que él. Crecerá creyendo que su forma de vida es la de la mayoría o la de todas las personas, y eso es un gravísimo error, sobretodo cuando se está en un país pobre como el nuestro. ¿Cómo le podríamos exigir después un comportamiento ético si la misma sociedad en que se crió no lo tiene?

La única manera de que ese niño crezca con una consciencia social lo suficientemente fuerte para no servirse a sí mismo en el futuro, sino que sirva a los demás, es que tenga la posibilidad de crecer, y por ende conocer, las realidades de otro. Compartir la colación, hacer las tareas en casa de compañeros, prestarse los útiles escolares, conversar y jugar en el recreo como iguales es parte esencial del comportamiento futuro que pudiera tener.

Algo indiscutible que aportó las movilizaciones en Aysén, fue el reforzamiento del sentido de comunidad de los pobladores. Las ollas comunes fueron parte de eso. Ver que los que tenían más compartían como iguales con los que tenían menos era parte de la realidad cotidiana que se vivía en las poblaciones. Compartir un pan, un plato de comida, o un vaso de leche fue esencial para el mantenimiento de los principios que guiaron al movimiento. Hubiera sido fantástico ver a los profesionales participar más activamente de este proceso, involucrados con la comunidad y en el proceso de transformación social. Pero es un comienzo. El lema era claro “tu problema es mi problema”. La semilla fue colectiva, social, comunitaria, que intentó integrar a todos los actores sociales, sin diferencia de credos u origen.

Sería un paso importante que las autoridades políticas incrementaran su capacidad de reflexión, generando a través de sus políticas públicas más sentido de comunidad y menos negocio (lucro), o menos entrega de prebendas, o bonos absurdos, para que la educación genere menos “servidos”, menos guetos, menos acarreos y más integración, más sentido social, tal como Benito decía en este programa. ¿Sería mucho pedir?.

Ignacio Pastrián

Psicólogo y Actor de Teatro. Diplomado en Gestión Cultural: Territorio, Organizaciones Creativas y Proyectos. Servicio País comuna de Las Guaitecas, años 2007 y 2008.

1 comentario

  • Loreto Muñoz Salazar
    02-06-2012 5:44 pm |

    Loreto Muñoz Salazar

    · Web
    Ignacio, muy buena reflexión y no menor, considerando la estructura que actualmente tiene la educación, que segrega socialmente a los niños y tampoco se generan espacios para compartir, pues si uno como padre busca otras opciones fuera del colegio, el tiempo que disponen los niños es casi nada, pues con la jornada escolar completa están todo el día en el colegio, y a la casa llegan a hacer tareas. Recuerdo que antes uno tenía tiempo para jugar en la calle con los vecinos, hoy los niños están sin tiempo para hacer eso y presionados por el Simce ya desde 2° básico y después la PSU cuando están más grandes, los estresamos desde chicos, así cuando sean más grandes van a seguir con éste mismo patrón que describes, pues todo se va a convertir en conductas para responder a presiones por conseguir logros y que se ha enseñado desde pequeños.
    Debemos dejar que los niños jueguen más y nosotros deberíamos jugar más con ellos.

    También otro punto no menor que creo acrecienta la individualidad de los profesionales, son las deudas con las que sales de la universidad, pues el "privilegio" de estudiar te implica endeudarte antes de comenzar a trabajar, lo cual también condiciona las conductas, pues entras a la universidad consciente que debes estudiar para salir en los años que corresponde y no reprobar un ramo y endeudarte más todavía, o sea, entras a competir pues no tienes otra opción.

    No queda dudas que el sistema educacional está fracasando en todos sus niveles.
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