02abril2012

Del Teatro y otras fantasías….

Escrito por Ignacio Pastrián en Columnas de Cultura

A mediados de enero se realizó en Coyhaique el Festival de Teatro Patagonia en Escena, actividad organizada por la Agrupación Malotún Ortiga.
La iniciativa contó con 12 actividades entre presentaciones teatrales, talleres y charlas; las cuales buscaban incentivar la reflexión en torno al teatro en la sociedad, como un ente transformador de esta.
Independientemente del logro o no de este ambicioso objetivo, lo importante fue constatar “empíricamente” la existencia de un hambre que recorre las calles de Aysén. Digo empíricamente porque todas las actividades tuvieron una alta asistencia de público.
Muchos investigadores han planteado que las sociedades “desarrolladas” comienzan a profundizar su quehacer cultural cuando se encuentran satisfechas sus necesidades básicas, tales como alimentación u otras. Personalmente estoy en profundo desacuerdo con esta corriente de pensamiento.
A mi modo de entender, la “necesidad” por acceder a actividades culturales no tiene nada que ver con al satisfacción de necesidades básicas u otras de distinta índole.
Si así fuera, muchas de las actividades culturales no tendrían asidero ya que en prácticamente todos los rincones de Chile existen necesidades sin satisfacer. Chile es un país con mucha pobreza. Sería reducir las capacidades y fantasías humanas a la satisfacción de necesidades que se tildarían de satisfechas o insatisfechas, y reduciríamos los anhelos humanos a la recepción de más o menos cosas.
Afortunadamente, el teatro, así como el cine, o la música (sólo por nombrar algunos) nos devuelven a la realidad y anulan de forma importante esas visiones conservadoras y economicistas de la sociedad.
Citando a Bretch, el teatro se dirige a los sentidos, las miradas, a la simpleza y sencillez. Es directo, y como es tan directo adquiere un sentido peculiar, un sentido interior. El teatro no es un arte solo por su sentido estético, o por su particular variedad o libertad de expresión.
Su función primordial es provocar. Provocarnos como personas hacia una reflexión, que mueve no solo la necesidad interior de cautivar al público con el prestigio del estilo, o por la creación de sus obras, o por la emoción de los pesares pasados o venideros de sus personajes, sino para despertar con su envolvente magia la conciencia de quien se acerca a ella. Precisamente su distinción y simpleza radica en su magia al despertarnos, al obligarnos a hacer preguntas, la mayoría de las veces de difícil respuesta. Es una magia que sucede porque muestra la vida tal como es.
Tal es la función del arte: embellecer, ciertamente, pero, al mismo tiempo, revelar, descubrir cosas que uno tenía a su lado continuamente, y que creía conocer, a las que no se concedía ninguna importancia, precisamente porque se daban por supuestas o se repetían sin cesar.
El teatro nos transforma, nos deja perplejos por la importancia social que tiene, y su tarea es su función transformadora de la sociedad.
Tiendo a creer que sí existe una relación entre la efervescencia social que generan los movimientos sociales y el hambre que recorre las calles de la región, desde Melinka a Villa O’higgins. Una prueba de ello fue la realización de los Temporales de Teatro en Las Guaitecas, los años 2008 y 2009, instancias en las que me tocó participar; o los recientes Festivales Patagónicos de Música en la comuna de Lago Verde (La Tapera y Villa Amengual) o de Blues Rock de Puerto Aysén, sólo por nombrar algunos de las muchas actividades que son muy demandadas y valoradas por las comunidades, especialmente las rurales. La prueba empírica de ello son que estas actividades, y muchas otras, repletan los distintos escenarios regionales a los que llegan.
También se despeja la idea de que las visiones economicistas de la sociedad, al menos en la comunidad, comienzan su paulatina retirada y nos aprestamos a dar la bienvenida a visiones más integrales y comprometidas con la transformación hacia un país mas equitativo y justo, y el teatro, al igual que otras manifestaciones sociales son parte de este proceso. Ojalá algún día, nuestro conservador e interesado poder político recoja el guante y se apreste a liberar las calles y la conciencia de la sociedad, pero ese es un tema para otra columna.

Es inútil: esta época estéril no me retendrá.
Mi siglo es para mí un azote.
Yo aspiro a los campos verdes de la vida
y al cielo del entusiasmo.
Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos,
celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere,
la bella, la vida Naturaleza.

Hölderlin “El joven a sus juiciosos consejeros” (fragmento).

Ignacio Pastrián

Psicólogo y Actor de Teatro. Diplomado en Gestión Cultural: Territorio, Organizaciones Creativas y Proyectos. Servicio País comuna de Las Guaitecas, años 2007 y 2008.

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