28marzo2012

Ernesto Hein y dos sucesos en Teniente Vidal

Escrito por Oscar Aleuy en Columnas de Cultura

Dos han sido los incidentes más notables protagonizados por el piloto Ernesto Hein en la cancha de Aviación de El Claro, que lleva el nombre del teniente Aníbal Vidal, del cual escribiremos algún día. Ambos hechos están configurados por el mismo leit motiv: la llegada de un vuelo desde lejos, en plena noche, y la falta de iluminación de la pista.

El primero de ellos ocurrió Enero de 1962, cuando faltaban pocos meses para la realización del Campeonato Mundial de Fútbol en Chile. Un fatal accidente de aviación ocurría en el río Pascua, frente al desagüe del Lago General Carrera, llamado entonces Lago O’Higgins. Perecía instantáneamente el notable piloto de Aysén Federico Führer, quien ostentaba esos maravillosos secretos para volar por los territorios más difíciles del planeta.
Su avión, el viejo Grümann que observábamos atónitos en nuestra niñez, desaparecía para siempre en el fondo de las aguas, lo mismo que los cuerpos del piloto Führer y del miembro de las Naciones Unidas Charles Gillman.
Pero sobrevivían Luis Vásquez, Jefe de Aduanas de Coyhaique y Arturo Arancibia Valdés, técnico local de Endesa, los que gracias a la gestión personal del piloto Hein, serían trasladados de urgencia a la cancha Teniente Vidal en su avión Aerocomander.
El viaje, de poco más de una hora, debido a las adversas condiciones climáticas, encontraba al Hein sin una pista iluminada, cuando ya el crepúsculo había caído en la apacible planicie de Coyhaique.
Es gracias a la radio del avión que Hein envía inmediatamente un mensaje de auxilio a la Gobernación Provincial, donde se determina efectuar una campaña relámpago a través de la única radioemisora existente, Patagonia Chilena. Luis Ojeda, junto con el Gobernador suspenden la programación habitual para emitir un Extra Urgente pedido de ir a iluminar la cancha con los automóviles, mensaje que es escuchado por toda la comunidad, llenándose el acceso a Teniente Vidal con una caravana interminable de vehículos.
El Centro de Operaciones lo toma Bomberos y Carabineros y en un instante Hein, que ya comenzaba a sobrevolar la ciudad, avista con tranquilidad la pista absolutamente iluminada.

En otro instante muy similar al anterior, ocurrido cuatro años más tarde, la torre de control del aeropuerto Teniente Vidal recibe una urgente llamada de la capital comunicando que el piloto civil Ernesto Hein volaba desde Santiago en comisión de extrema reserva, llevando a dos funcionaros superiores de la chancillería.
Se estimaba una llegada del vuelo entre las 9 y 10 de la noche. Conociendo la experiencia del año 1962, el gobernador de Coyhaique, Carlos Echeverría, comienza a preocuparse por la iluminación de la pista y nuevamente se contacta con el gerente de la radio Patagonia para llamar a los vehículos, quienes se ordenan a lo largo de la pista en una extensión de mil 200 metros.
Entonces ocurre algo insólito, cuando se recibe un radio en que se solicita al gobernador atender una llamada privada del piloto Hein desde el avión, quien le explica que se trata de una operación ultra secreta y que debe retirar los vehículos de la pista.
Echeverría ordena a las fuerza pública desalojar la cancha en el acto, y Hein efectúa un aterrizaje a ciegas, sin ninguna dificultad.
Cuando los altos personeros de la chancillería descienden del aparato, las autoridades les reciben afectuosamente, sabiéndose que deben continuar inmediatamente viaje a Villa O’Higgins, para avistar desde el aire a la patrulla de carabineros apostada en Laguna del Desierto, a fin de ordenarles, a través de un mensaje lanzado en paracaídas que regresen de inmediato al retén de la villa y abandonen la misión.
Los funcionarios se despiden y el avión llegan de madrugada a Villa O’Higgins, solicitando Hein aprovisionamiento de combustible para continuar viaje a Laguna del Desierto.
Y he aquí el detalle que cambió completamente la historia. El sargento de la Fach a cargo de la base de O’Higgins le responde a Hein que es imposible reacondicionar de combustible sin una orden emanada por escrito de la base de Balmaceda. Aquella orden tardó cuatro horas en llegar y sólo entonces pudo partir el avión hasta Laguna del Desierto, llegando absolutamente a destiempo la orden de abandonar la misión. Si todo hubiera sido normal, el avión habría avisado a tiempo al grupo apostado en la Laguna y no habría ocurrido el enfrentamiento que tronchó la vida al teniente Merino.
Memorialista de “Las Huellas que nos alcanzan”®

Oscar Aleuy

Aquí en mi ciudad natal, las sombras no existen. Sólo el espacio diáfano con olor a frutillas silvestres y un poco de fumarolas a las siete y media de la mañana. Yo soy memorialista...

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