28marzo2012

La Patagonia Aysén como territorio de cine

Escrito por Alejandro Lezama en Columnas de Cultura

El cine es un fenómeno complejo y es complicado porque también puede ser extremadamente simple. Es igual de válido esperar que exista un cinéfilo que sólo busca pasar el rato y ver la saga de la última película de acción, que alguien que ve en este producto cultural una forma de expandir sus horizontes o aprender.

Podemos simplemente divertirnos, podemos aprender, podemos emocionarnos o reír. El cine da para mucho y para muchos, pero existe una línea divisoria que separa en dos este fenómeno y ésta es el lado en que estés de la pantalla. Están los que hacen cine y los que lo ven. A mí me encanta ver cine y en la medida de lo posible, también me gusta hacerlo. Ambos lados de la pantalla son necesarios para completar la experiencia del cine, independiente de si hacemos películas para muchos o para pocos, no es posible hacer películas para nadie o al menos no es lo usual.

Debido a la penetración de industrias cinematográficas sumamente poderosas, como la norteamericana, a veces nos cuesta concebir que todos los lugares puedan construir sus propias películas en las cuales reflejarse y proyectarse hacia los demás. Esto nos lleva a preguntarnos para qué sirve el cine, cuestión que desde la vereda meramente artística puede resultar innecesaria (pues el arte no debe servir necesariamente para algo), pero sucede que el cine no es sólo arte, es eso y mucho más. Es mensaje, es símbolo, es expresión, es desarrollo económico y es una experiencia sensorial cada día más completa.

En mi opinión, el cine sirve para recrear identidad, circunscrita a un tiempo y lugar determinado. El cine nos tira una lienza hacia la subjetividad, hacia nuestros recuerdos, ideales, valores y sentimientos. Es así como desde una experiencia individual se tejen identificaciones colectivas. La mejor película es aquella que terminamos de armar en nuestras cabezas, en la conversación con los amigos, en el debate ciudadano, la que soñamos hacer algún día. En suma, mientras más cine hagamos mejor nos conocemos, y eso no es poco.

Toda esta vuelta reflexiva es para proponer que Aysén es un territorio perfectamente filmable. Si entendemos el paisaje como la suma del territorio más los recorridos humanos que habitan y habitaron en él, nuestra Patagonia es un territorio rico en historias, que no son ni mejores ni peores que otras historias, pero son las nuestras.

El objetivo de esta columna será entonces ayudar a construir en Aysén la plataforma humana, técnica y económica que convierta a la Patagonia Aysén como un territorio de cine, en todo el amplio sentido de la palabra, desde la cita a la minucia técnica, todo cabe al momento de trazar este camino.

Alejandro Lezama

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