28marzo2012

Los chilotes. Su contribución al desarrollo de la Patagonia

Escrito por Danka Ivanoff en Columnas de Cultura

Introducción:

Esta presentación, tiene como objetivo, el dar una mirada al aporte de los chilotes al desarrollo del territorio patagónico. Se pretende hacer un tributo al conocimiento de estos chilenos, que durante años, han emigrado desde su isla hacia el sur oeste o el sur este, primero buscando un trabajo temporal y luego radicándose en la Patagonia, haciendo una contribución sustantiva al poblamiento de dicha zona. El chilote es y ha sido estigmatizado como una persona de poca calidad moral, con pocas aptitudes para el trabajo y con grandes defectos. Sin embargo a pesar de este estigma, ha sido también el trabajador predilecto en las grandes estancias patagónicas y ha pagado con creces el desarraigo de su tierra, adoptando a las grandes mesetas patagónicas como su nueva patria. El chilote desde fines del siglo pasado fue buscado por los estancieros para desarrollar todo tipo de trabajo, y poco a poco se fue quedando en el suelo austral. Conozcamos entonces, su entorno geográfico, sus creencias, sus costumbres y el desarrollo de su vida en Patagonia.

Antecedentes Geográficos:

La Provincia de Chiloé es una zona cuyas características físicas difieren enormemente del resto de Chile. Comprende tres secciones bien delimitadas: Archipiélago, mar interior y sector andino.

Archipiélago: Está formado por la isla grande de Chiloé y por un conjunto de islas menores situadas en su costa oriental. La isla grande da su nombre a toda la provincia de Chiloé y según la etimología indígena su significado es “lugar de gaviotas”. Esta isla, es recorrida de norte a sur por la antigua cordillera de la costa. Presenta un relieve suave que desciende hacia el litoral oriente en el cual se forman ensenadas, penínsulas y canales. Las islas menores están agrupadas en lotes transversales, orientadas de oeste a este y cada grupo aparece cruzado por canales de gran belleza.

Mar interior: está compuesto por el Seno de Reloncaví, el Golfo de Ancud y el Golfo de Corcovado y se comunica con el Océano Pacífico por dos puntos diferentes y cuyas bocas oceánicas producen fenómenos irregulares en las mareas.

Sector Andino: En un pronunciado contraste con el sector isleño, de bajas alturas, hacia el este se levanta el sector andino con sus grandes cumbres tales como Calbuco, Hornopiren y Corcovado, que vienen a ser el marco perfecto para la belleza de la isla y su mar interior.

El presente trabajo se basa principalmente en los habitantes del archipiélago y del mar interior, cuyo entorno es una permanente invitación a sus habitantes para el desarrollo de la fantasía, y para un extraordinario apego a la naturaleza. El chilote, que nació y vivió rodeado de tan magníficos paisajes, es en esencia un hombre de espíritu libre, dispuesto a embarcarse en cualquier aventura.

Orígenes de la raza:

Los chilotes son el resultado del entre cruzamiento de distintos grupos raciales en el que se destacan los chonos, los cuncos, los huilliches, e incluso polinésicos, que al paso de los siglos se fueron mezclando y que con la llegada de los españoles dio como resultado una raza especial, distinta a la del resto de Chile. La llegada del hombre blanco trajo consigo el sometimiento del pueblo autóctono, aunque no su exterminio, como fue en otros lugares de nuestra América. De alguna manera el español y el aborigen en la zona de Chiloé se complementaron y mientras el blanco trajo nuevas técnicas de cultivo y desarrolló una economía sustentada en la agricultura y  la ganadería, introduciendo en las islas la oveja, los vacunos y el caballo, los indígenas mantuvieron sus creencias, sus costumbres y su manera de ser, y pese al sometimiento del pueblo autóctono, de alguna manera se produjo un amalgamamiento que contribuyó con el tiempo a la formación de una idiosincrasia particular y única. El mestizaje vino entonces no – solo en la sangre sino en las creencias, en la mentalidad y en el temperamento del pueblo chilote. Curiosamente, cuanto más se aplastó la dignidad del aborigen, este se aferró con más fuerza a su lengua, sus tradiciones y su patrimonio cultural. Los españoles se vieron obligados a compartir con sus vasallos la lengua veliche y a respetar sus costumbres y tradiciones.

El chilote está profundamente marcado por su medio geográfico y desde que comenzó el poblamiento de la zona hace miles de años, el ser humano tuvo un vínculo estrecho con la naturaleza en donde el canoero chono o el indio  huilliche, establecieron un código de relación con el medio que es sorprendente. La raza primitiva, vivía la naturaleza a partir de una visión casi mágica, en el que todas las especies tenían los mismos privilegios para integrarse al universo. Así por ejemplo, el bosque, entregaba los medios para la vivienda, la dalca (o bote chono), las herramientas y las medicinas, en tanto el mar entregaba el alimento traducido en decenas de especies. El chilote aborigen no fue depredador y aunque el español llegó depredando los bosques  y destruyendo el medio ambiente, pronto aprendió de la sabiduría del pueblo chilote y comenzó a tener una relación armónica con el medio. Enseñó entonces el vasallo a su amo a integrarse, a dialogar y a vincularse con la naturaleza.

La Mitología:

En un escenario majestuoso por su belleza, en donde por siglos ha vivido el pueblo chilote, vinculado al medio natural, que unas veces le era pródigo y otras le era adverso, se fue plasmando una fascinante mitología que lleva la impronta del espíritu aventurero y el carácter fatalista, de  un pueblo que necesitó dictar normas de vidas y que no teniendo la “religiosidad” que tuvieron otros pueblos primitivos ( como los incas, aztecas etc.), fue  explicando a través de personajes mitológicos las normas de convivencia con sus congéneres y con el medio. En la mitología chilota se puede observar un hecho curioso: La mayor parte de los personajes tienen su  contraparte en el género, así por ejemplo, la Fiura es la  versión femenina  del Trauco  y los brujos encuentra su oponente femenino en la voladora y el Pincoy forma pareja con la Pincoya .Son numerosos los personajes mitológicos de la Isla de Chiloé, personajes seculares en la tradición chilota pero que van teniendo un significado para cada cosa.

Costumbres chilotas:

No se puede desconocer que el chilote es esencialmente un hombre de mar. Creó su espacio en este valle central que es el mar interior de  Chiloé y allí acostumbró a navegar por los canales y a cosechar los productos que el mar le daba. Luego uso la tierra para obtener lo que esta le proporcionaba, y se transformó en un gran cultivador de papas, conocida por los hulliches como ” poñi” y que fue y sigue siendo un producto básico en la alimentación. A partir del cultivo de la papa, nacieron costumbres como la minga, que no es otra cosa que el trabajo solidario de vecinos que se ayudan unos y otros en las faenas de cultivo y cosecha. Estas actividades de trabajo además resultan en fiestas en donde el solicitante de la ayuda, retribuye a sus vecinos con una buena comida, normalmente un curanto, (cocimiento de mariscos en un gran hoyo en la tierra). Otra costumbre que aún permanece, es la del “reitimiento”, faena invernal de carneo de cerdos en las cuales acuden  los vecinos a ayudar al derretimiento de la manteca y la elaboración de las cecinas, recibiendo en pago un ” lloco “, que es un regalo consistente en alguno de los alimentos preparados a partir del faenamiento del cerdo. Los chilotes son profundamente hospitalarios y amistosos, pero curiosamente también  son profundamente  desconfiados, desconfianza que nace seguramente por lo arraigado de sus creencias en brujerías y hechizos, que pueden venir de cualquier parte o a través de cualquier persona. Los habitantes de Chiloé son personas alegres, seguramente esa es la herencia de sus ancestros andaluces. Les gusta el baile y el canto y en general  siempre han disfrutado de los ambientes alegres y de la camaradería.

El desarraigo de la isla:

La Patagonia, este inmenso territorio que hoy se ha convertido en promesa de futuro para nuestros países, hasta fines del siglo pasado e incluso principios de este siglo, no fue otra cosa para los Gobiernos de Chile y Argentina, que un inmenso territorio en el cual poseían dominio, pero que no les interesaba mayormente. Influidos los gobernantes por las palabras de Charles Darwin, que consideraba estos parajes como una tierra estéril, ninguno de los gobiernos se interesaba por el poblamiento y la posesión efectiva de estas tierras. Es solo a partir de la infatigable labor de Francisco Moreno en Argentina y de Hans Steffen en Chile en que ambos Estados toman interés por esta zona.

Como una manera de poblar el territorio de la Patagonia Austral, tan lejana a los intereses políticos y económicos de la clase gobernante, los Gobiernos de Chile y Argentina toman el camino fácil para hacerlo, sin grandes costos económicos, distribuyendo los terrenos en concesiones, arrendamientos, remates y premios militares.

En el caso argentino, esta metodología de distribución de las tierras se vio principalmente en la Provincia de Santa Cruz y en Tierra del Fuego. Para ello el entonces Gobernador de Santa Cruz, don Carlos Moyano, viaja hasta Islas Malvinas y hasta Punta Arenas en donde hace la tentadora oferta de grandes extensiones de tierras en arriendo con la promesa de propiedad para el futuro a los habitantes de dichas zonas. En el caso de Chile, el estado opta por entregar grandes concesiones de tierras, principalmente en el territorio de Aisén a Sociedades Anónimas, exigiéndoles algunos requisitos mínimos, tales como caminos de acceso al mar y  colocación de familias de origen sajón en el territorio.

En el caso de Chile, los requisitos  exigidos no fueron cumplidos y en el caso de Argentina se produjeron grandes escándalos como el de la Ley Grumbhein, que tuvo un fuerte olor a negociado. Los beneficiarios de las concesiones o arrendamientos se encontraron con grandes llanuras y extensos campos a su disposición en donde la actividad ganadera se podía desarrollar sin complicaciones. En muchos casos hubo beneficiarios que adquirieron tierras colindantes en ambos lados de la cordillera, tal es el caso de muchas propiedades de los Menéndez Behety y de Mauricio Braun (La Pepita en Lago Fontana colindante con Estancia Río Cisne en Chile, Sociedad Industrial del Aisén, en la zona de Coyhaique colindante con Estancia Huemules en Lago Blanco, Estancia La Ascensión y Lago Ghio  colindante con los terrenos de la Compañía explotadora del Baker en Chile Chico y Baker etc.)Esto significó una enorme ventaja, ya que podían trasladar su ganado de un lado a otro, según les favoreciera o desfavoreciera el mercado, sin ningún trámite. La gran desventaja que tuvieron los concesionarios o arrendatarios fue que sus campos eran tan extensos, que necesitaban de muchos hombres para trabajarlos, hombres que en el territorio Patagónico eran escasos. Así las cosas hubieron de buscar a los trabajadores, y los encargados de dichas compañías o los dueños de estos campos se dirigieron a Chiloé en la búsqueda de hombres fuertes y decididos a la aventura patagónica. Conocían del temple del chilote, ya que estos eran usualmente contratados como marinos o prácticos marineros para las travesías del Golfo de Penas y la ruta al Cabo de Hornos. Los estancieros sabían que en Chiloé los hombres  no tenían grandes perspectivas de trabajo, por la excesiva subdivisión de las tierras y por la falta de mercados para sus productos. Se armaron entonces las primeras “comparsas” de trabajadores chilotes que comenzaron a llegar al territorio austral. El chilote marino se transformó en cuidador de ovejas, esquilador, peón de campo, caballista, alambrador y hachero y cada año desde septiembre a abril se alejaba de su isla para venirse a la Patagonia, regresando a su hogar a pasar el invierno. Los primeros años las cosas anduvieron bien. El chilote volvía con el dinero suficiente para pasar los meses de invierno, pero pronto la codicia de los grandes consorcios ganaderos comenzó a pagar menos sueldo y a descontar todos los gastos, así por ejemplo, las velas que se ocupaban en las largas noches de invierno, eran descontadas de los salarios, lo mismo ocurría con el jabón, la yerba, el tabaco, en fin, llegado el  momento de la liquidación, el trabajador chilote tenía muchas veces apenas para regresar a sus casas.

Contra este hombre, callado, taciturno, lleno de supersticiones y creencias ancestrales, que aceptaba todo lo que le sucedía  sin oponer resistencia, pensando que era ese su destino, contra este hombre catalogado de vicioso, pendenciero y flojo por sus patrones, catalogación que no impedía que año a año, estos mismos patrones viajaran a Chiloé a buscarlos, se cometían grandes abusos. No les estaba permitido traer a sus familias y así el hombre chilote vivía gran parte del año, en la más absoluta soledad, se les pagaba salarios miserables y además ellos no tenían ninguna oportunidad de reclamar ante cualquier arbitrariedad cometida por los capataces, ya que se les denegaba terminantemente el acceso a la administración y mucho menos les estaba permitido dirigirse a los dueños de los campos. En tanto su familia en Chiloé, quedaba a cargo de la mujer, que en definitiva era la encargada de todo el trabajo de la tierra y de la manutención de los hijos. Muchos chilotes no regresaron nunca más a su tierra y allí quedó su familia, con el amargo sabor de la incertidumbre ante el destino incierto de su ser querido. Así por ejemplo en el año 1906, la Compañía Explotadora del Baker, de propiedad de Mauricio Braun y Juan Blanchard, hizo en Chiloé un enganche de 200 hombres para trabajar en los terrenos que habían obtenido Braun y Blanchard en la zona del Rio Baker al sur de Aisén. De esos 200 hombres, no todos regresaron. Más de setenta trabajadores murieron en Bajo Pisagua y  12 trabajadores llegaron a la Isla solo a morir. De su paso por la Patagonia solo quedó su recuerdo en una isla en la desembocadura del Río Baker, conocida hasta hoy como la Isla de los muertos. Esas muertes son todo un misterio, pero desde que los hechos acontecieron se ha dicho que los hombres fueron envenenados para no pagarles los salarios, ya que la sociedad Braun y Blanchard había tenido un serio revés económico. Por parte de la Sociedad se ha dicho que esos hombres murieron de escorbuto, sin embargo, la lógica hace pensar que esos trabajadores murieron de desnutrición, ya que el enganche fue por seis meses y los viveres fueron calculados para ese tiempo, pero los trabajadores se mantuvieron en la zona durante un año y un mes, los alimentos se terminaron y las enfermedades proliferaron. La Sociedad Braun y Blanchard, nunca indemnizaron a las familias de esos trabajadores que murieron y no obstante, al año siguiente volvieron a hacer otro enganche en la isla de Chiloé con otros doscientos hombres.

Pero ese no fue el único atropello que sufrió el hombre chilote en la Patagonia. En los primeros años del Siglo XX, surge en la ciudad de Punta Arenas, un movimiento sindical, inspirados tal vez en el naciente movimiento socialista que había llevado a cabo la Revolución bolchevique en Rusia. Coincidente con las demandas de los rusos, los trabajadores de las estancias magallánicas comenzaron a organizarse y a exigir un trato digno y mejores salarios. Muy pronto este movimiento se extiende hasta Río Gallegos y desde allí prende como una mecha,  por las estancias de la Patagonia abarcando todo el territorio de Santa Cruz. Un español llamado Antonio Soto, lidera todo este movimiento y poco a poco, los intereses de los grandes estancieros se ven gravemente afectados. Los Menéndez  Behety, los Braun y tantos otros hombres de dinero, claman desesperados la ayuda del Gobierno argentino, ayuda que no tarda en llegar junto al tristemente célebre Coronel Varela, y como una manera de poder  justificar todos los atropellos cometidos en contra de los trabajadores le dan a estos atropellos una connotación patriótica y nacionalista, asegurando que esos hombres eran personas que estaban en contra de Argentina y que arengaban a favor de Chile. Esta situación de acervado nacionalismo, fue a todas luces ridícula, si se analiza que  quienes la proclamaban eran en su mayoría  extranjeros, que desde Europa se habían afincado en la Patagonia, y que tenían intereses en ambos bandos de la cordillera Sin embargo, los hombres que realizaron la huelga del 21 eran unos pocos europeos, algunos argentinos y muchos peones chilenos provenientes de Chiloé que por años habían servido en las estancias y que se plegaron irremediablemente a los promotores de la huelga como una manera de mejorar sus condiciones de vida. Eran hombres incultos, sin educación y que obedecieron las órdenes recibidas por los líderes del grupo. Este grupo de chilotes, en un número superior a doscientos fueron sencillamente  ultimados. Su delito fue tener la piel oscura y un resabio de dignidad que afloró para luchar por mejores condiciones de vida. Hay en la Patagonia estancias emblemáticas, en donde los trabajadores provenientes de Chiloé fueron vilmente ultimados y una de las estancias más connotada es La Anita, de propiedad de los Braun.

Pasados los sucesos de 1921, los chilotes volvieron nuevamente a ser solicitados por los grandes estancieros, pero los isleños habían aprendido la lección y ahora exigían contratos de trabajo claros y precisos firmados en Ancud o Castro y no ante las autoridades de Punta Arenas o Río Gallegos, que normalmente estaban más al servicio de los grandes estancieros  que al servicio de sus países. De ésta manera, el chilote comenzó a ganarse su espacio en la Patagonia. En el territorio de Aisén tuvo la oportunidad de conseguir tierras y en Argentina vio la posibilidad de radicarse junto a su familia y encontrar otras fuentes de trabajo. Poco a poco fueron llegando los chilotes y sus familias. Desempeñaron los más humildes oficios, sus mujeres fueron las empleadas domésticas, las cocineras, las lavanderas y ellos los obreros de la construcción, los peones de campo, los changadores. Pero fueron surgiendo y fueron dándoles a sus hijos perspectivas de vida distintas. Lograron primero tener su hogar, luego educar a sus hijos. Se quedaron en estas inmensas llanuras patagónicas y sus hijos  poco a poco comenzaron a olvidarse de esas viejas tradiciones chilotas. El influjo del mar se alejó de ellos, el Trauco, la Pincoya, los Brujos, se desdibujaron en los vástagos de los chilotes que se hicieron patagones. Hoy la gran mayoría de los descendientes  de chilotes son profesionales, prósperos comerciantes, o simplemente trabajadores calificados. Los apellido tan tradicionales en Chiloé como Barría, Cárdenas, Uribe, Alvarado, Cárcamo. Álvarez, Andrade, son hoy los apellidos que abundan en el austro de nuestros países y tienen el significado de que fueron  sus antepasados, padres o abuelos, originarios de las islas de Chiloé, los pioneros en el desarrollo  y el engrandecimiento de la Patagonia chilena y argentina. Aun cuando hasta el día de hoy, se pretende  ofender  con el apelativo de chilote, no es menos cierto, que ese apelativo no resulta una ofensa para quien lo recibe.  Muy por el contrario, ser chilote significa ser un hombre oriundo de una raza llena de tradiciones y de grandes valores morales. Ser chilote significa ser un hombre capaz de desempeñar los más diversos oficios y hacerlo de buena manera. Los chilotes son grandes marinos, excelentes carpinteros, alambradores y esquiladores de primera calidad y por sobre todo, trabajadores honrados y diligentes. Llegará el día  en que este hombre de piel oscura, baja estatura, mirada huraña, logre derrotar los prejuicios y logre hacerse valorar como se lo merece. A ellos, a los chilotes, la Patagonia les mantiene una gran deuda de gratitud, ya que junto a tantos emigrantes venidos de otras latitudes hicieron posible el poblamiento  y el surgimiento de la Patagonia. Nuestros compatriotas (chilenos y argentinos) del norte, salvo aquellos pobladores del centro del país que se afincaron en la Patagonia, solo llegaron a estas tierras cuando las cosas marchaban. Llegaron a ocupar cargos de gobierno, a comprar estancias, a aventurarse cuando ya la aventura la habían iniciado los otros, aquellos que abrieron sendas, cercaron campos, construyeron casas y se aguantaron los años duros y curtieron su piel con el viento y el frío de nuestra Patagonia y curtieron su alma ante los desprecios y la postergación a la que tantas veces fueron sometidos.

Nota de la autora: “Enganche” tiene el significado de contratación de un grupo numeroso de personas para una determinada faena.

Bibliografía  Consultada:
· Los vengadores de la Patagonia Trágica (Osvaldo Bayer)
· La Patagonia Trágica (José María Borrero)
· Chiloé Diccionario de la Lengua y la Cultura (Renato Cárdenas Álvarez)
· Tesoro Mitológico del Archipiélago de Chiloé (Narciso García Barría)
· Distribución de la Tierra Pública en Río Gallegos (Elsa Mabel Barberia)
· Municipalidad de Río Gallegos
Danka Ivanoff

Investigadora de la historia patagónica!

2 comentarios

  • anahi
    19-03-2013 2:53 pm |

    anahi


    gran deuda conel pueblo chilote! totalmente desconocido y nefasto ese capitulo de la matanza en Magallanes.
    saludos
    Responder
  • Corina Oliva
    02-10-2012 8:22 pm |

    Corina Oliva

    · Web
    Es interesante toda la influencia que han tenido los chilotes en la región, más que nada me abrió paso para investigar para acerca de otras influencias como por ejemplo (parte de la historia de mi familia) los inquilinos que llegaron desde la zona centro-sur más que nada escapándose de este sistema.. quedé plop con el origen familiar jaja. Más que información es un pedacito de nuestra historia y también parte de nuestro presente, de nuestra identidad local. Gracias :)
    Responder

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