28junio2012

Río+20 ¿Economía Verde?

Escrito por Paul Lorca en Columnas de Medio Ambiente

En estos días se desarrolló la Cumbre de Río+20. Esta es una Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, y alrededor de 50 mil personas de todo el mundo acudieron al evento. El tema central en este foro fue la denominada Economía Verde, que viene siendo como la última imposición de los países desarrollados y el mercado internacional a los países del tercer mundo, y de lo cual yo daré fe estando en Centroamérica.

Partamos por decir que por favor no se confunda con el nombre, pues esta economía de verde no tiene nada, ya que como en toda actividad capitalista esto se trata de oferta, demanda y maximizar ganancias. Aunque según sus defensores, este proceso se realiza con respeto a las comunidades y de manera sustentable. El problema es que por su esencia el modelo es depredador y no respeta nada.

Por eso el discurso que se escucha desde las Naciones Unidas, Gobiernos y empresas trasnacionales -ansiosas de participar en este mercado del futuro-, sólo habla de las bondades que significa la sustitución de la extracción de petróleo y la utilización en su reemplazo de biomasa producida en plantas de alta tecnología, tema muy interesante por lo demás. El problema es que el mercado está ansioso y entre el discurso y la práctica está transformándose en una nueva forma de colonialismo.

Si no quién me explica que las bondades de este sistema se traduzca que en los últimos tres años en Aguan, Honduras, han muerto 60 campesinos y su territorio se encuentra en estado de sitio permanente a manos de paramilitares y policías . ¿El conflicto? Campesinos reivindicando sus derechos a vivir en sus tierras, de las que han sido desplazados por cultivos permanentes de palma africana que sirve para producir aceite.

¿Quién me explica que en Guatemala las comunidades indígenas aún siguen siendo desplazadas, sus aldeas quemadas, hombres baleados, mujeres violadas, a manos de la policía y el ejército?. ¿Su delito? Vivir en tierras del Estado, es decir tierra de todos, sin embargo este las vende a los grandes empresarios del país para colocar caña de azúcar.

¿Quién me explica que los grandes humedales de mangle, que hace tres décadas rebosaban de una riqueza ecosistémica invaluable ahora mueran en El Salvador, y que en su playa paradisiaca bajo unos cocotales, no haya agua dulce para beber pues el cultivo intensivo de caña desvía y contamina curso de agua, a través de sus malas prácticas?

Como dato para la causa, un campesino salvadoreño por estar trabajando en los ingenios azucareros gana alrededor de 5 dólares, que es algo así como un poco menos de 2500 pesos chilenos diarios, y con eso debe vivir una familia.

El sistema es el mismo: se le ha incorporado el apelativo de verde, pero es el mismo colonialismo que vulnera de manera sistemática a estos pueblos desde hace 500 años. No hay un momento en la historia de Centroamérica en que los grandes capitales y países desarrollados no hayan saqueado a estos países. Miles de personas son vulneradas en forma sistemática en sus derechos día a día y sólo hablo de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras. Se les ha usurpado las tierras a través de leyes, se les ha desplazado, se les ha obligado a trabajar en las que eran sus tierras, nunca se les han respetado sus derechos y su negativa a participar del mercado.

Los campesinos, los indígenas, sólo quieren que los dejen en paz. Los hombres de maíz tienen su particular cosmovisión y sólo quieren un poquito de tierra para su milpa, para sembrar sus frijoles y vivir en tranquilidad con sus comunidades.

Cuando veo a estas grandes delegaciones de cuello y corbata negociando cuál será la posición final de la cumbre y el apoyo irrestricto a la economía verde, sólo pienso en la impunidad en que se desarrolla esto y que constato cada semana, viendo nuevos abusos de grandes empresas a comunidades, y me queda una sensación amarga.

Y en estos días, más que nunca no dejo de pensar en los pueblos originarios, en los campesinos, en la vulnerabilidad de estos pueblos, en tantos rostros que día a día luchan por vivir, y que son personas buscando paz y tranquilidad. No quiero que sean rostros anónimos, quiero que sepan que hay hombres y mujeres como nosotros, que viven en una tremenda vulnerabilidad social y en una lucha diaria en la que sólo piden respeto.

No es justo que la economía verde sea: 5 dólares diarios, usurpación de tierras, muertes y violencia física.

Ayer en casa de una pareja de amigos terminamos de ver un documental que ella había preparado sobre el tema, para comentar, levantar observaciones y aportes. Decenas de horas de grabación quedaron guardadas, decenas de testimonios, de imágenes. La mejor apreciación la hizo su pareja “cambiaría el título, yo le pondría la Mierda Verde”. No puedo más que estar de acuerdo.

Paul Lorca

Geógrafo, ex profesional Servicio País en Región de Aysén, actualmente trabaja en ONG en Centroamerica.

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