30mayo2012

Migración Campo-Ciudad y viceversa: la revolución que falta.

Escrito por Felipe Sanchez en Columnas de actualidad, Columnas de opinión

Uno de los más importantes factores que desencadenó la gran revolución industrial, simbolizada por el invento de la maquina a vapor a mediados del siglo XVIII (http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A1quina_de_vapor); fue el masivo éxodo de personas desde el sector rural hacia las grandes ciudades en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Sin duda esto, como debe ocurrir en cualquier revolución que se precie de tal, produjo un nuevo mapa mundial, en el cual las ciudades pasaron a ser los grandes núcleos productivos y los campos (sectores rurales) básicamente se convirtieron en los productores de alimentos y materias primas, para estas “grandes ciudades”.

Así se dibujó la historia en nuestro país también, lo que se ha traducido, entre otras cosas, en un centralismo exacerbado poniendo en Santiago todas las fichas de producción y dejando a las regiones, salvo las mineras, como “alimentadores” o “fuentes de factores productivos”.

Esto se refleja, por ejemplo, en que las regiones se encuentran muy diezmadas respecto de mano de obra calificada en desmedro de una sobre oferta de profesionales en Santiago, Concepción y Valparaíso, por nombrar las principales. Tampoco existe una oferta interesante para atraer a profesionales a las regiones, respecto de recursos económicos o de oferta laboral.

Sin embargo, existe en las regiones una ventaja comparativa subestimada, y tiene que ver con la calidad de vida que ofrecen y que, por cierto, no pueden ofrecer las ciudades. Esta ventaja tiene que ver principalmente por el factor tiempo. En las regiones las distancias entre el trabajo y la casa son menores, respecto de los tiempos de traslado que existen en las ciudades, sobre todo y considerando el aumento del flujo vehicular que existe en estas y que produce atochamientos y congestión permanente en ciudades que no tienen un diseño adecuado a estos requerimientos.

Con esto, para un profesional joven, que empieza a formar familia, es más atractivo poder desempeñarse en regiones (por clasificar a todos aquellas pequeñas ciudades y poblados que no tienen las características de una gran ciudad, en ningún caso se trata de una acepción peyorativa) pues es en el estilo de vida de estas, donde es más propicio poder disfrutar de las cotidianeidades de la vida, es en la calma de estas en donde se puede, cómodamente, desarrollar aspectos artísticos, espirituales, intelectuales, etc.; que en la vorágine del cemento es ciertamente complicado.

Conozco varias personas que no se moverían de la ciudad, pese al reclamo permanente que hacen de esta y sus características, como si fuese un vicio que no les dejara escapar. También conozco mucha gente que, en un manifiesto de voluntades, está dispuesta a cambiarse, pero no existe un mecanismo conocido o facilitador que les permita tomar la decisión sin arriesgarlo todo. En este caso, si no existe un familiar o un contacto que facilite las cosas, es muy difícil y arriesgado dejar lo construido “acá” por un mejor futuro “allá”.

Por lo tanto, las regiones deben ser capaces entonces, de generar las condiciones de atraer a las personas, entregando facilidades y mostrando aquellas ventajas que no tienen las ciudades. Pero, ¿qué es lo que están ofreciendo actualmente las regiones?

Naturalmente, no existe algo formal que podamos identificar como oferta. Existen algunos supuestos o algunos datos, aportados por familiares y amigos principalmente, que nos permiten aproximar una idea de lo que “ofertan” las regiones, sin embargo nos encontramos con varios obstáculos. De primera, no existen mecanismos fluidos para trasladarse de una región a otra, en la postulación a empleos por lo general si no se solicita expresamente que el (la) postulante tengan residencia en la región/ciudad/comuna, las citaciones a entrevistas no consideran tiempos de traslado ni mucho menos facilidades para una postulación a distancia. Por lo tanto, ¿cómo podría una persona, sin tener contactos, cambiarse de ciudad sin necesidad de arriesgarlo todo?

En segundo lugar, respecto del desarrollo profesional y dado que existe una alta centralización en el país, la mayor parte de la oferta de estudios y especializaciones se encuentra justamente en los lugares de los cuales se quiere salir. La educación a distancia aún no tiene una aceptación o validación de parte de las instituciones; y las regiones, ya sea por presupuesto o por falta de una visión a largo plazo, se quedan esperando que todo lo solucione la “descentralización”, cuando justamente esto se trata de un empoderamiento de las regiones y la generación de su propia identidad, en consecuencia, de su propia oferta.

Por último y a modo de conclusión, creo que si bien existe una voluntad a medias de parte de jóvenes que quieran hacer el proceso migratorio inverso, tampoco existe una región que acoja y entregue las facilidades para que esto ocurra. Esto es parte fundamental de la descentralización como proceso social y no solo como proceso administrativo o Estatal.

Felipe Sanchez

En búsqueda. Siempre en búsqueda... aprender, conocer, descubrir y cualquier otro sinonimo que exista.

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