18julio2012

¿¿Y para el Adulto-Adulto??

Escrito por Karla Retamal en Columnas de actualidad, Columnas de opinión

Para la política pública, la juventud llega hasta los 29 años de edad, de los 30 en adelante para todas las políticas sociales uno es “adulto”, hay políticas para la etapa de gestación, para la infancia, la adolescencia, la juventud, el adulto mayor, y de ahí se desglosan en temáticas con perspectiva de género, de etnia, de seguridad pública, y una gran parte con perspectiva socio-económica entre muchas otras. Y ¿dónde están las políticas para el adulto joven?, ¿para el adulto-adulto? Independiente de la calidad de las políticas para los otros grupos etáreos -ese no es el motivo de esta columna-, podemos decir entonces señoras y señores que no es sólo la gran “clase media” la eternamente postergada en las políticas, o la temática de diversidad sexual, o del aborto, o de la cobertura de necesidades proteccionales para los jóvenes infractores de ley, o de la discriminación como amplio concepto, o de la descentralización, o de políticas especiales para zonas extremas. En fin – cómo no faltaba más – no puedo dejar de decir que nuestro grupo etáreo necesita un espacio en el Estado, si existe el SENAME, el INJUV y el SENAMA, ¿por qué no puede existir algo así como SENADUJO (Servicio Nacional del Adulto y el Adulto Joven)?

Digamos que es exigible porque ser adulto no es fácil. Persona adulta para el diccionario de la RAE significa “llegado a su mayor crecimiento o desarrollo”. ¡Imagínense! entre los 30 y los 60 que está categorizada la etapa de la adultez se supone que uno alcanza “su mayor crecimiento o desarrollo”. Desde lo biológico podemos estar de acuerdo, uno ya no creció más, cuando a uno le dicen “siéntate que no vas a crecer más”. Es absolutamente verdad, ya no hay nada que hacer. ¿Pero desde el desarrollo personal?, ¿Tienes 30, o 40, o 50 y ya no hay nada más que hacer?, ¿Sólo esperar que llegue la vejez y participar de un club de ancianos para poder postular a un proyecto entretenido al SENAMA?

Si llegaste a los 30 con carrera, buen trabajo, familia e hijos, eres una persona exitosa, alcanzaste “tu mayor desarrollo”. Si le quitas cualquiera de estas variables ya no eres socialmente exitoso y siempre hay algo que cuestionar. ¿No estudiaste?, ¿Fuiste vago en tu juventud?,¿No te has casado?, ¿Eres un concubino o concubina, viviendo en la ilegalidad?. ¿Te casaste y no tienes hijos? Mmmm algo pasa, ¿inestabilidad en la pareja?, ¿Infertilidad?, ¿No vas a dejar huella en este mundo?, ¡Se te va a pasar el tiempo!. ¡Te casaste y tienes un hijo, ¿pero cómo?, ¿No van a buscar la parejita?.

Pero más complejo aún, es cuando uno va cumpliendo exitosamente con esta linealidad y de pronto una serie de sucesos te cruzan a la línea del fracaso. Te casaste, pero te separaste. Estudiaste una carrera, pero nunca encontraste pega en lo que estudiaste. Tenías un buen trabajo, pero quedaste cesante y entraste al mundo interminable de las deudas. Querías tener hijos con tu pareja, pero no pudiste. Y en el último de los casos, tienes un buen trabajo, un matrimonio con hijos, pero eres más infeliz que la mierda y mantienes un sistema homogéneo ante el mundo para entrar dentro de la categoría de “adulto exitoso”; y eso de algún modo u otro te hace aparentar y creer ser feliz.

O también está la línea de ser feliz/exitoso con yayas: tuviste un pasado oscuro donde erraste en la pareja y guardas heridas insanables; o hijos/as que no alcanzaron a nacer dentro del matrimonio; o un error en la elección de la profesión, y con el tiempo descubriste tu real vocación; o resulta que eres homosexual definido y feliz, pero lamentablemente no encajas en la estructura lineal y homogénea de lo que la sociedad chilena ha definido como adulto exitoso.

Todo lo que se nos plantea desde pequeños es tan lineal, el tema es cómo manejar la ruptura de esa linealidad que se nos enseña desde chicos en la escuela, en la familia, en las distintas iglesias. Enseñanzas que están marcadas por las influencias en la sociedad de la Iglesia Católica y por los valores (o anti) del Opus Dei, indicando que debes tener a tus hijos/as dentro del matrimonio para poder incluso, postular a algunos colegios con criterio de calidad; marcada por la teoría del chorreo, por el exitismo que indica que si no sales en la tele o no ganas más de 1 millón de pesos eres un looser, que si no tienes casa propia y/o auto, no eres exitoso. ¿Por qué todo esto debe definir el mayor crecimiento o desarrollo de una persona?

Definitivamente ser adulto no es fácil, y si bien es cierto, es sabido que la adolescencia es la etapa más compleja del desarrollo humano, ¿qué me dicen de varios que siguen la idea de ser eternos/as adolescentes? o ¿los conocidos como “lolosaurios/as”?. Es por esto que necesitamos re-definir el concepto de éxito, redefinir la etapa de la adultez, el qué entendemos por el “mayor crecimiento y desarrollo de una persona”. Y debido a que estamos en una sociedad donde el desarrollo personal, la introspección y el mirarse a sí mismo son cosas de hippies locos, todas estas re-definiciones deben recaer en el Estado, que el Estado asuma la responsabilidad de los valores individualistas y exitistas en la sociedad capitalista chilena, y que nos enseñe a ser adultos desde el SENADUJO (¡kihubo!, ¡Jaja!).

Karla Retamal

Trabajadora Social. Mis intenciones son juntar letras, sumar ideas, desahogar pensamientos, generar análisis sociales, y por qué no decirlo, liberar a la escritora escondida en la australidad de mi ser.

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